SEYCHELLES, un paraíso…también gastronómico


Nunca pensé que acabaría escribiendo en internet sobre las especialidades de la comida seychelliana, pero tanto la originalidad de la misma como su calidad, que he tenido ocasión de degustar la semana pasada en dos de los mejores restaurantes de las islas, lo merecen.

Como bien os podéis imaginar, hemos pasado una semanita de vacaciones en las islas Seychelles, auténtico paraíso tropical de playas espectaculares. La República de Seychelles es un grupo de 115 islas de origen granítico y coralino que se encuentran en el océano índico al noreste de Madagascar. Una imagen vale más que mil palabras…

Los primeros días estuvimos en Mahé, la isla principal que reúne el 80% de la población del archipiélago. Después nos trasladamos a Praslin, la segunda isla en importancia. La población, mayoritariamente de raza negra, mezcla costumbres africanas con francesas e inglesas (ambos colonizadores de las islas), y también con asiáticas, población que constituye una minoría importante por la relativa cercanía geográfica.

Durante el día intentábamos comer como los locales, es decir, en restaurantes criollos o takeaway. También hicimos un par de excursiones a islas colindantes en las que pudimos probar la barbacoa criolla, muy típica por allí. La base de la alimentación es, naturalmente, el pescado, siempre muy fresco y también el arroz, que sustituye en gran medida al pan, aunque no del todo ya que conservan, con gran acierto, parte del legado de repostería que dejaron los franceses (baguettes, croissants y pain au chocolat de gran calidad).

El nivel medio de las comidas fue bastante aceptable y lo mejor era el pescado, recuerdo un atún encebollado cerca de la playa de Anse Soleil y un pescado de piel roja hecho en la barbacoa que me hizo relamerme los dedos. Las ensaladas suelen ser simples con tomate, lechuga y mucha zanahoria (será para el moreno de piel) y un aliño con limón, aceite, pimienta y alguna otra especie. También es típica la ensalada del millardaire, cuyo principal atractivo son los corazones de palmito frescos que extraen directamente de una parte del árbol. Al parecer, saben bastante mejor que nuestros típicos palmitos envasados. Los probé gratinados y estaban muy buenos, pero no en ensalada.

En la barbacoa también comimos langostinos gordos y una especie de pollo (más blando que el de aquí) que llevaban un suave aliño que le daba muy buen sabor. De postre, como no, fruta fresca, mucha papaya, piña, mango, plátanitos muy pequeños, sandía (riquísima), fruta de la pasión, naranjas, cocos….los zumos naturales también eran excepcionales y muy baratos.

El precio de un takeaway rondaba los 3 euros por persona con bebida y si comías sentado en un restaurante criollo dependía de si era para locales (más cutre) o para turistas (mejor puesto). En el primer caso comimos muy bien (una ensalada y dos principales) por 8 euros por cabeza y en el segundo caso rondaba los 30 euros por persona, aunque no llegamos a sentarnos en ninguno.

En cuanto a las cenas, íbamos con media pensión (recomendable ya que a las 18h se hacía de noche y buscarse la vida a esas horas era complicado por sus estrechas y sinuosas carreteras, la falta de luz y el hecho de conducir por la izquierda). En la primera isla teníamos elección entre 4 restaurantes del hotel (Constance Ephelia) que iban variando el menú cada día. El primero optamos por menú criollo para empezar la aclimatación al archipiélago aun con el riesgo de visitar con frecuencia el baño debido a la cantidad de especias y picante que utilizan. Estuvo bastante bien, eso sí, evitamos los platos muy picantes…de aperitivo sirvieron unas chips saladas de plátano y de entrantes una típica ensalada de pulpo marinado con limón y alcaparras y una especie de morcilla con calabaza picantita pero aceptable. A continuación nos sirvieron un caldo de cangrejo y pescado muy rico y como platos principales el clásico pollo al curry con leche de coco, un pescado a la brasa marinado a la criolla con condimento de ajo y pimienta rosa y, por último, una “rougaille” de salchichas tradicional con lentejas machacadas (muy típicas) y arroz basmati. Por último, de postre disfrutamos (y mucho) de una tarta tatín de papaya con helado de vainilla de Seychelles, espectacular !!

La siguiente cena en Mahé consistió en un menú “mediterráneo”, carpaccio, ensalada griega y varios tipos de carne y la tercera noche un buffet italiano. Bastante bueno en ambos casos con alguna excepción como en el caso de la carne.

Las cenas de la siguiente isla prometían bastante ya que nos alojábamos en el hotel con el mejor restaurante gastronómico de pescado de Praslin (Château de Feuilles). El emplazamiento es espectacular y las habitaciones/bungalows cuidan cada detalle al máximo, con un jacuzzi en lo más alto del monte donde se detenía el tiempo en cada anochecer.

Tienen una huerta propia donde cultivan el 70% de las frutas y verduras del restaurante, preparan ellos mismos el pan y todas las viennoiseries (croissants, pain au chocolat…) y hay dos pescadores que todas las mañanas salen a faenar para el hotel y según la pesca del día que les traigan elaboran el menú.

Por no extenderme en exceso, os resumo los platos que más me gustaron de las 4 noches:

  • Carpaccio de zéclair (creo que es pulpo aunque no lo parecía), estaba impresionante, marinado con limón y especias que desconozco que le daban el punto justo de exotismo al plato.
  • Lomitos de pescado con una salsa de nata, limón y especias. Perdonad que no sea más explícito, pero no solía conocer los pescados ya que algunos son variedades de la zona. Fue el mejor plato de pescado, los lomitos finísimos y la salsa era perfecta de sutileza ya que los acompañaba sin taparles el sabor.
  • Ensalada de pulpo, otra vez, más rica y fresca si cabe que la otra que comimos.   
  • Tiras de papaya verde y albóndigas de pescado. Me encantó la papaya verde, plato muy asiático con el toque autóctono seychelliano. Las albóndigas eran bastante originales y acompañadas por una salsa de tomate especiada resultaban muy sabrosas.
  • Los postres tuvieron, en general un notable alto, isla flotante (clara de huevo batida sobre una sopa tipo natillas líquidas), buñuelitos de piña, galleta de coco caramelizado con helado de papaya, mini tartaletas de ciruelas, un flan de coco…

En cuanto a los vinos, optamos por vinos blancos sudafricanos (probamos dos), un sauvignon y otro riesling, muy ricos en ambos casos, aunque un pelín caros (entre 30 y 40 euros).

La cerveza autóctona de las islas, Sey Brew, también estaba bastante buena, con menos gas que las de aquí, ligera y fresca.

La mezcla de culturas que ha habitado las Seychelles desde su poblamiento allá por el siglo XVIII ha hecho de este destino espectacular un sitio con gran variedad culinaria pese a su aislamiento geográfico y su escasa población, que le dará un mayor aliciente a aquel que planee darse el lujo de visitar este archipiélago de exuberante vegetación e intensa vida marina que no os decepcionará.

Anuncios

2 comentarios

Archivado bajo Sin categoría

2 Respuestas a “SEYCHELLES, un paraíso…también gastronómico

  1. No te creas, la nata y la mantequilla, heredada de los franceses es muy utilizada y tiene no pocas calorías…de todas formas, es verdad, no recuerdo ver a demasiada gente obesa.

  2. Que buena pinta tiene todo, y además parece muy saludable. Por ello imagino que entre la materia prima con la que cuentan y las playas tan acojonantes no debe abundar la población obesa.
    Felicitaciones y gracias por este magnifico post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s